El diálogo y el liderazgo dialógico en el aula

En la nueva economía del conocimiento, la habilidad de hablar y pensar juntos es vital. Los seres humanos creamos, perfeccionamos y compartimos conocimiento a través de las conversaciones, en un mundo donde la tecnología ha liderado la “erosión” de los límites jerárquicos, y donde el pegamento que permite que las cosas se mantengan unidas ya no es “decir” sino “conversar”.

El término diálogo proviene de la raíz Griega “día” más “logos”. Logos significa palabra meditada y el prefijo día quiere decir a través de. Entendemos diálogo como: descubrimiento compartido de la verdad a través del significado de las palabras.

La esencia del diálogo es una indagación que brota de las ideas, percepciones y comprensiones que las personas todavía no tienen. Esto no es frecuente en las aulas, ya que lo normal es entrar en clase con el temario bien aprendido. Una premisa para muchos docentes es que haya “no sorpresas” durante la clase. Esto, en esencia, es la antítesis del diálogo. Hay diálogo cuando se exploran las dudas y preguntas que nadie ha respondido. De este modo se empieza a pensar conjuntamente y no, simplemente, se reportan pensamientos. En el diálogo, el alumnado aprende a reflexionar y a utilizar la energía de sus diferencias para mejorar la sabiduría conjunta.

El diálogo puede contrastarse con la discusión, cuya etimología significa “resquebrajar”. Las discusiones son conversaciones donde las personas mantienen y defienden sus diferencias. La esperanza es que la diferencia de opiniones ilumine caminos productivos para la acción y la consciencia. Pero en la práctica, las discusiones acaban, a menudo, en debates rígidos donde los alumnos se ven unos a otros como posiciones con las que estar de acuerdo o con las que estar en desacuerdo, y no como compañeros de una relación viva y vital. Estos intercambios representan una serie de calles de un único sentido, y cuyo resultado final no es el deseado: argumentos polarizados donde el alumnado retiene información vital y se cierra a opciones creativas.

Aunque puede tener lógica, tener el diálogo en nuestro maletín de herramientas docentes, puede parecer ilusorio e incluso pintoresco. La prueba radica en que cualquier estrategia y esfuerzo requiere que las personas, en algún momento, se sienten y hablen. Al final, nada puede sustituir a este contacto interpersonal. Por desgracia, mucho de nuestro diálogo a penas refuerza los problemas que se quieren resolver. Se necesita un nuevo enfoque conversacional que permita al cuadro docente extraer la sabiduría oculta del alumnado y los descubrimientos colectivos.

El profesorado que lidera el aula desde un enfoque dialógico descubre, a través de la conversación, el potencial creativo oculto en cualquier situación. Cuatro cualidades apoyan este proceso:

  1. evocar las voces genuinas del alumnado
  2. escuchar profundamente
  3. mantener espacio y respetar como legítimas las visiones del alumnado
  4. ampliar conciencia y perspectiva

La historia de Gandhi ilustra muy bien este concepto:

Una persona se dirige a Gandhi con su hijo para pedirle consejo, quejándose de que el chico toma mucha azúcar. Gandhi pensó un momento y dijo “vete, y vuelve en tres días”. El hombre hizo lo que le pidió y volvió a los tres días. Gandhi le dijo entonces al joven “debes dejar de comer tanta azúcar”. El padre del joven preguntó con curiosidad “¿Por qué necesitaste tres días para decir eso?” Gandhi le respondió “primero, tuve que dejar yo de comer azúcar”.

Del mismo modo, el profesorado que ejerce un liderazgo dialógico en el aula debe ser un ejemplo vivo de lo que promueve, es decir, debe demostrar esas cuatro cualidades diariamente.

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