Objetivo y motivación en el aula

Las teorías de refuerzo del comportamiento y de necesidad representaron la motivación de unas personas a la acción como la reacción a la presión de incentivos extrínsecos o de necesidades intrínsecas. Poco a poco, las teorías motivacionales empezaron a reconocer que, además de ser empujados o tirados por esas dos fuerzas, las personas somos, a menudo, más proactivas a la hora de decidir qué queremos hacer y por qué queremos hacerlo.

Como organismo biológico, el ser humano es activo por naturaleza. Por ello, la teoría sobre la motivación no necesita explicar por qué las personas hacen algo en lugar de nada, sino que necesitan explicar la dirección, intensidad, persistencia y calidad del comportamiento. Es decir, entendiendo todas las posibilidades que se pueden dar en una situación, ¿por qué se eligen unas, rechazan el resto y se ejecutan de una determinada manera? Este enfoque ha llevado a muchos estudiosos de la motivación a cambiar el enfoque pasando de hablar de necesidades a hablar de objetivos: resultados esperados de una secuencia planeada de comportamientos.

Mucha de la actividad humana sigue un propósito, aunque no necesariamente desde su inicio. Los objetivos implícitos se crean en el marco de una actividad, como en el trabajo, el gimnasio o la clase. En el aula, se espera que los estudiantes se vinculen a las lecciones y las actividades con el fin de alcanzar los objetivos previstos de aprendizaje, aunque los estudiantes no necesariamente acepten esos objetivos y puedan perseguir otros adicionales o distintos a los previstos.

Los objetivos varían en alcance, desde objetivos concretos, coger un objeto, otros más abstractos, continuar conectado a actividades que se disfrutan, a otros más abstractos, intentar ser el tipo de persona que quieres ser. Cualquiera que sea su alcance, la existencia de un objetivo indica que la persona ha adquirido el compromiso de alcanzar un estado o resultado, que el progreso para lograrlo puede ser monitorizado y valorado y que la persona puede utilizar el feedback resultante para hacer los ajustes necesarios en las estrategias seguidas para alcanzar el objetivo.

Cuando los estudiantes se fijan objetivos de aprendizaje se centran en intentar aprender cualquier cosa que la tarea pueda enseñarles. Por el contrario, cuando los estudiantes se fijan objetivos de rendimiento quieren mantener sus percepciones y reputación de individuos “capaces” en lugar de aprender lo que puede enseñarles la tarea. Por último, cuando los estudiantes se fijan objetivos de evitar el trabajo rechazan los retos de logro inherentes a la tarea y buscan, por el contrario, minimizar el tiempo y esfuerzo que le dedican.

La aplicación de la teoría de los objetivos en el aula implica:

  1. establecer relaciones de apoyo y acuerdos de aprendizaje colaborativo que animen a los estudiantes a adoptar objetivos de aprendizaje.
  2. evitar crear el tipo de presión en el aula que invite a los estudiantes a adoptar objetivos de rendimiento o de evitar el trabajo.

Cuando estas condiciones se fijan en el aula, los estudiantes son capaces de focalizar sus energías en aprender sin distraerse por miedo al ridículo o al fracaso por el rechazo de tareas que ven inapropiadas o sin sentido.

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